Hablar con ella no es fácil. Su voz tiembla cuando recuerda su adolescencia:
“Siempre fui la niña gordita del curso.
Me ponían apodos horribles y se burlaban de cómo caminaba.
Un día me escuché en boca de otra mamá: ‘pobrecita, esa niña va a sufrir mucho con ese cuerpo’...
Ahí supe que lo mío no era solo físico, era una condena emocional.”
“Con el tiempo dejé de salir. Me escondía detrás de ropa holgada, evitaba las fotos, me inventaba excusas para no ir a la piscina con mi hijo. Mi cuerpo me dolía. Me dolía verlo, me dolía moverlo, me dolía cargarlo. Cuando mi jefe me despidió por ‘baja productividad’ y mi pareja hizo las maletas, supe que ya había tocado fondo.”
Siempre terminaba peor…
“¿Intenté bajar de peso? Mil veces. Hice dietas ridículas de 800 calorías, ayunos extremos, tomé pastillas que me dejaban con taquicardia y sin dormir.
Incluso pagué un entrenador en el gimnasio del barrio... pero después de cada sesión, no podía ni subir las escaleras de mi casa.
Me miraba al espejo esperando un cambio, y lo único que veía era más frustración.
Siempre, y repito, siempre, regresaba el maldito rebote.”
Gloria estaba emocionalmente quebrada. Ya no creía en nada.
Hasta que un mensaje de WhatsApp le cambió la vida sin que lo supiera.
El mensaje que activó su última esperanza
Fue una tarde cualquiera, revisando el celular, cuando una amiga que trabajaba en una farmacia le escribió:
“Glorita, en la clínica donde trabajo están buscando mujeres con obesidad para un estudio.
Es algo japonés, sin agujas, sin dieta. Te lo juro, no pierdes nada con intentarlo.”
Gloria dudó. Pensó que era otra estafa más.
Pero algo en su interior le dijo que esta vez era diferente.
Llenó el formulario.
Esperó en silencio durante 5 días.
Y entonces, llegó la llamada:
Fue seleccionada para un programa especial de pérdida de peso
“Cuando me dijeron que era parte del grupo piloto, lloré.
No sabía qué era exactamente… solo que era natural, sin inyecciones, y que muchas mujeres ya estaban bajando de peso con eso.
Quería darme una última oportunidad. Por mí. Por mi hijo. Por volver a sentirme mujer.”
¡Los kilos empezaron a desaparecer… y no volvieron!